Sumar y restar

Sumar y restar son dos operaciones importantes en la vida diaria. Parece algo simple que hacemos de forma mecánica; sin embargo, como a las personas, necesitamos de ellas con creces. Hay gente que dice que “es mejor que sume a que reste”, “que te den a que te quiten”, “que sobre y no que falte”; ¿pero será esa la medida correcta?.

Para mí es valeroso restar, quitarse de encima lo que sobra: malos hábitos y pensamientos. Las personas que no suman es mejor que resten, para eliminarlas de la ecuación, así como adherir lo que nos hace bien o evitar las adiciones excesivas.

¿Han sentido esa sensación de plenitud cuando limpiamos la casa, organizamos las pertenencias, sacamos del armario la ropa que no usamos o simplemente gritamos, lloramos, o expresamos a través de una de estas formas lo que sentimos, en un intento por ‘resetearnos’ la mente y el alma?.

Cuando era niña me costaba bastante entender las matemáticas, de hecho creo que no es mi habilidad favorita y entonces con el paso del tiempo descubrí por qué es tan evidente que en el colegio se nos exija de una manera prominente aprender a sumar y a restar, como elementos fundamentales de la vida. Cuando miro hacia el pasado, todo aquello que por cierta razón se ha restado como amigos, ex parejas, momentos, trabajos,  me ha ayudado a empezar de cero y a reconstruirme, a lograr la persona que soy ahora. Los nuevos hábitos, todo aquello que nos rodea, los individuos, lo que consumimos del campo visual, auditivo y hasta digestivo.. Sin olvidar lo sumado, que también nos da  la oportunidad de tener un nuevo comienzo.

Pero no solo a mi me ha pasado, supongo que en algún momento también he sumado o restado para bien o para mal y me he detenido a pensar en ello, porque de eso se tratan todos los procesos en los que pretendemos depurar y continuar. ¿En qué momentos nos convertimos en suma o resta, tropiezo  o progreso  para nosotros mismos y para los demás?.

Dicen que la suma y la resta son operaciones básicas que cuestan trabajo y aunque sí son un dolor de cabeza, detectamos desde niños su complejidad, porque nos hacen pensar, procesar, sintetizar y perfeccionarnos, más allá de los números, en lo profundo de nuestro ser, en la esencia humana que se pierde por momentos en modelos contraproducentes de multiplicación y división.