Desafío: Aprender neerlandés

Un individuo toma un bus, mira a su alrededor mientras se dirige a su asiento. Es la primera vez en ese lugar. Se sienta, escucha. Imaginemos toda la escena: el ruido de los transeúntes, las palabras, los sonidos entrando por sus oídos, la sensación en la piel, la emoción viajando hacia su cerebro, caras nuevas, formas diversas, pieles, acentos…

Al llegar a un nuevo lugar, nuestros sentidos se agudizan y hay cierto éxtasis en lo diferente, en las voces, en el ejercicio del reconocimiento de las palabras, los sonidos que se vuelven cotidianos con el tiempo en algunos casos y en otros a pesar de los años siguen siendo un rompecabezas por completar.

La primera vez que llegué a los Países Bajos era muy temprano, como la una de la mañana. Sin tener idea del idioma y menos de cómo llegar al hostal donde me hospedaría, me bajé del tren en la estación central. Sabía que debía tomar un tranvía y tenía escrito el nombre de la parada. Era bastante largo e impronunciable en español.

Durante el recorrido, como llenando una sopa de letras, iba comparando cada una de las palabras de las paradas con lo que tenía en el papel. Poco a poco empecé a notar que las similitudes entre el neerlandés (idioma de los Países Bajos) y el español eran prácticamente nulas.

No solo la gramática, la pronunciación gutural (sonido que sale de la garganta), el uso repetitivo de letras menos frecuentes en español como la V, W, H; la entonación y ritmo, era entrar en un mundo que a primera vista parecía divertido y aterrador a la vez.

Uno de mis cuadernos de apuntes.

Lo que más recuerdo de mis primeros días en este país fue la multiculturalidad propia de una ciudad como Ámsterdam, que alberga alrededor de 107 nacionalidades distintas entre sus habitantes. Sonidos en diversos idiomas provenían de cada esquina, era simplemente increíble.

La oportunidad de estar en un lugar que reúne personas de tantos rincones del mundo, es una experiencia que me ha parecido afortunada y que considero la mejor durante mi proceso de inmigración. Esta vivencia permite que el aprendizaje sea diario y que evaluemos nuestras costumbres. Además, ayuda a que nuestra mente se expanda a nuevos horizontes, a ver el mundo desde distintos ojos. Siempre hago énfasis en esto porque aprendemos a conocernos y a entender al otro en dinámicas y realidades tan distintas a la nuestra, que entendemos el valor de quiénes somos y a su vez la riqueza del otro.


 

Estudiar otra lengua

Aprender otro idioma se asemeja a cuando un niño empieza balbuceando un sonido y poco a poco los combina hasta alcanzar palabras y frases coherentes. Aunque he disfrutado el proceso, desde su inicio cuando con videos de youtube trataba de aprender vocabulario, ha sido una ardua travesía en la que mayormente depende de uno mismo, el esfuerzo por superar los obstáculos y la dedicación.

Sin importar qué idioma sea, aprender una lengua ajena a la nuestra es un reto. La personas desarrollan habilidades diferentes para hacer frente al nuevo saber así como métodos de estudio. El aprendizaje de las competencias varía de una persona a otra. Por ejemplo, algunas escriben mejor de lo que hablan, a otras se les facilita más escuchar que leer, etc.

Conocer el mundo a través de otros

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Con el paso de estos dos años en los que he vivido en la ‘tierra baja´ y debido al proceso de integración impuesto por el Ministerio de Asuntos Sociales y Empleo de este país, hay una serie de exámenes del idioma que se deben aprobar para fines de integración a la sociedad. Este proceso se conoce como ‘Inburgering‘, es el dolor de cabeza de muchos extranjeros, pues a la fecha cuenta con seis exámenes que deben ser aprobados en un término de tres años y que depende completamente del dominio del idioma en segundo grado.

Aunque hay retos que son difíciles en la práctica, lo mejor siempre es verlos como una oportunidad y por ello, al iniciar mi estudio formal en escuelas de holandés, me encontré por primera vez en mi vida rodeada de extranjeros de todas partes del mundo, saludándonos en nuestros idiomas de origen, compartiendo nuestra comida típica y soñando el día en que pudiéramos cruzar más de dos palabras en holandés y no tener que hablar en inglés ó en otros momentos a señas con quienes no dominan esta última lengua.

Mis compañeros y yo persiguiendo el sueño holandés .

 

De esta historia no quiero pasar por alto algunas personas maravillosas que he encontrado por el camino. Hace poco en el curso de Orientación al Mercado Laboral Holandés (ONA), me crucé con un grupo de chicos de un país llamado Eritrea. ¡Fue fantástico!, no solo porque era un país que nunca había oído, ubicado en África, sino porque su gracia fue tan significativa en momentos donde la soledad y el proceso mismo era agobiante. Sus ocurrencias, risas y relajo hacían que las cuatro horas de clase parecieran las que solía tener durante mis años de colegio (secundaria).

Selam diki, مرحبا,Hallo, Hola, سلام,
Saludos en nuestros idiomas.

Lo que me llamó la atención de este grupo era que el idioma nativo que por sí mismo ya era algo gracioso ¨Tigriña¨ (me imaginaba las zebras, leones, hienas, elefantes, tigres en fin…), no se encontraba en ningún traductor online, por lo tanto las clases eran eternas con cada palabra tratando de descifrar qué quería decir la profesora. Honestamente los admiro porque no debía ser nada fácil. Al respecto también les cuento que muchos de los inmigrantes que vienen son de países donde su lengua natal es el árabe, así que deben empezar por aprender el abecedario.

Otros estudiantes que llamaban la atención eran dos chicos uno de Irán y el otro de Irák, vecinos de puesto, de país, de pasado… Uno de ellos se presentó diciendo: ‘díganme ‘Hey man’, como en inglés, porque así es más fácil pronunciar mi nombre’, un clásico de la ocurrencia.

No se si es algo de periodista o mi instinto de persona curiosa, que en cada clase a la que asisto me siento como a ver una película y lo disfruto tanto que me dedico más a hacer preguntas y conocer mi entorno que a las clases mismas. ¿Qué haces aquí?, ¿cómo llegaste?, ¿qué comen en tu país?, ¿cuál es el clima?,¿animales?,¿vestimenta?, ¿política?… así que más que holandés, he aprendido historias de vida, de cómo se mueve el mundo.

Aún no se si este periódico está en chino, coreano o japonés.

En este mismo salón había una chica con un nombre genial, Zopicco a la que le decíamos Sofía, porque algunos no podían recordarlo con facilidad. Era de un país llamado Georgia, ubicado entre Europa y Asia. Ella me contó que en su religión (que era una especie de cristiano/ protestante), las iglesias no tenían sillas y estaban de pie toda la reunión. Esto como signo de abnegación y respeto. Era campeona mundial de ajedrez, sabía cinco idiomas y conocía Venezuela. En este mismo viaje había cruzado la frontera para ir a Colombia por dos horas solo para probar el café. (risas)

He conocido tantas historias increíbles y conmovedoras como una chica de otro curso que nos relató durante la presentación típica de “quienes somos”, su travesía en bote desde Siria, donde en algún punto del mar fueron atacados con armas de fuego, siendo ella la única sobreviviente de la tripulación. Era muy aplicada, yo diría que la mejor de la clase, en solo tres meses tenía un nivel extraordinario, la razón: “estudio para no pensar en lo que pasó”, aseguró.

Otra historia interesante fue la de un refugiado político, que fue encarcelado solo por decir en una conversación normal, que no estaba de acuerdo con el presidente, iba rumbo a Canadá pero al pasar por migración en este país lo dejaron (pues no tenía pasaporte). Y así he conocido de todo un poco y de muchos algo. Gente que ha venido por amor, desamor, aventura, trabajo. Algunas chicas que conocieron a sus esposos holandeses vía Internet, matrimonios arreglados donde conocieron a su pareja en el altar; gente que lucha, dispuesta, reservados, tímidos, extrovertidos; gente alegre, triste, gente que te da la mano y otra que no te la da por cuestión cultural (hombres y mujeres no deben tener contacto físico, menos con desconocidos). Gente que cree que soy de su país y me habla en su propia lengua. He pasado por turca, marrocana, egipcia, brasileña y hasta de la India.

Tengo mi nombre escrito en árabe, chino, vietnamita y por supuesto en Tigriña (foto arriba). Me encanta leer los apuntes de los demás porque están en su idioma natal. He estudiado también con personas de Rusia, Marruecos, Palestina, Reino Unido, Ucrania, Ethiopía, Irlanda, España, India, Canadá y algunos países latinos. En definitiva un mapa mundi viviente a menos de un metro de distancia de mi puesto. He visto lágrimas, risas y abrazos que hacen parte del idioma universal, el de ser humanos.





  • Ejemplo de neerlandés-

 

 

Hoy quería hablarles de mi ocupación en este tiempo: Aprender de todo aquello que me he perdido en estos 30 años, donde había vivido cientos de historias con otras letras y combinaciones. Conocer y entender conflictos disfrazados de otros nombres, en otras lenguas, rostros diversos, tonalidades y acentos. Qué maravilloso es el mundo, este de aprender en un salón de clases, un glosario con miles de historias que contar.

Andrea Delgado.