Insomnio

Hay cansancios que no duermen por diversas razones. La mayor parte del tiempo por distracciones menores que nos roban las horas, la energía y el humor del nuevo día. Hay palabras inusuales como “insomnio”, que repite casi todas sus letras, ese poco que le falta es el punto que da vida a la palabra, lo demás es un patrón de conducta.

A veces me quedo despierta pensando, soñando a medio dormir y durmiendo los sueños. Cuando estoy muy emocionada sufro de insomnio, de hecho ante cualquier situación alta o baja.

En ocasiones me distraigo con mi celular o se me ocurren las ideas más audaces, las más inteligentes, los mejores versos… y entonces comienzo a escribir con los ojos entrecerrados, si aún tengo ánimo escribo torcido en alguna hoja y si le gana el sueño a la mente me repito que al siguiente día lo recordaré. ¡Pero no! Lo que nace en el insomnio se queda allí en su memoria.

No dormir a la hora adecuada, clarifica y confunde, ayuda a enviar ese mensaje erróneo o a hacer nuevos amigos, algunos de ellos reales.  A descubrir la noche a través de la ventana y a leer noticias absurdas en la Internet. A ver la luna con otros ojos si es que se asoma por ahí. A cazar estrellas en medio del colador de nubes que no las deja pasar. A escuchar el llanto al otro lado de la pared y la pelea de los vecinos.

He escuchado las conversaciones más asombrosas y en todos los tonos gracias a esta falta de sueño, sería interesante -y para efectos de estudio estrictamente sociológico (risas)- hablar alguno de los idiomas que rodean estas paredes, para entender lo que pasa, aunque al final eso no importe, hay lenguajes que no necesitan traducción. Me basta con inventar mi versión de la historia, el contexto y los personajes; hasta que pierdo la conciencia, el tiempo, la memoria y me embarco en un nuevo insomnio, el de la persona que cree que se ha quedado dormida.