Camino a la adopción

¿Alguna vez les ha pasado por la cabeza la idea de adoptar un niño?, a mi sí. La curiosidad por el tema de la adopción la tengo desde muy joven. Cuando estaba en secundaria, la familia de mi mejor amiga de esa época había adoptado un niño. La idea me parecía bastante humanitaria. Era maravilloso ver cómo a una persona a la que en su momento sus padres no podían ofrecerle sustento básico, de repente, se le diera ‘una mano’ con vivienda, comida y estudio.

Conformar una familia con alguien que no la tiene y viceversa a simple vista parece un acto honesto, recibir un retoño cuando no se puede tener uno propio, parece una solución de mutuo beneficio y hace parte del imaginario que tenemos acerca de adoptar. Pero en realidad, ¿cómo se vive esta situación?, ¿qué ocurre con el infante cuando es entregado en adopción en otro país?, ¿cuál es el impacto que genera sobre la persona adoptada conocer sus raíces?, ¿qué pasa con los padres biológicos? y sobretodo, ¿es o no una buena idea aquello de adoptar?.

Por curiosidad y para despejar tantas dudas, decidí visitar “The Pop up Museum of Adoption“, una iniciativa interesante creada por Rodrigo Van Rutte, actor y modelo de origen colombiano, quien fue entregado en adopción a una familia holandesa en  1981. El museo, que es itinerante pretende mostrar los rostros e historias de las adopciones internacionales y  la importancia que tiene para las personas adoptadas el  encontrar sus raíces.

Miembros de la comunidad de adoptados internacionales en los Países Bajos comparten sus experiencias con el público. Foto/ Suministrada.

Durante mi visita, pude entender un poco más el complejo proceso de la adopción internacional. Si bien es cierto que brinda la posibilidad de tener un hogar a quien carece de este,  no se debe tomar a la ligera. Es un tema al que las autoridades deberían prestar mayor atención y propender por su transparencia.

Existen algunos casos en los que hay irregularidades durante el trámite, confusiones pequeñas y otras muy grandes que pueden terminar en red de tráfico de menores; especialmente en Colombia donde sin tanto trámite se vuelve posible lo imposible. Por estas razones nació la idea de dar una voz a la comunidad de personas adoptadas en Los Países Bajos, en el marco del 25 aniversario del Convenio sobre la Protección del Niño y la Cooperación en materia de Adopción Internacional, que fue firmado por más de 60 países el 29 de mayo de 1993 en el Palacio de la Paz de La Haya. La finalidad de este tratado es dar garantías a los niños ante los riesgos de adopciones irregulares y así protegerlos de la venta o tráfico de personas.

Durante el recorrido por el museo,  pude observar fotografías y pequeñas historias de adoptados de diferentes países como Etiopía, Brasil, Sri Lanka, Colombia y de los Países Bajos, entre otros. Fue muy interesante porque nunca sabemos de primera mano la historia que se teje detrás de una adopción. Algunos de ellos estuvieron entre el público y compartieron sus experiencias.

Mi visita a The Pop up Museum of Adoption.

Lo que más me sorprendió fue ver la efusividad y empatía que tenía Rodrigo hacia Colombia, a pesar de no haber conocido su tierra natal sino hasta hace pocos años. Hablaba con propiedad del país y de su amor patrio en una mezcla  entre holandés, inglés y un poco de español. Me contó que comenzó a notar las diferencias entre su rostro  y el de sus padres adoptivos y algo adentro de sí lo hacía sentir diferente.

Le dije que los colombianos llevamos nuestra tierra en la sangre, asintiendo describió este hecho como “una alegría diferente” a la que percibía a su alrededor. Me quedé corta de palabras al pensar que aquello que corre por nuestras venas no lo cambian kilómetros de distancia, ni el desconocimiento del lugar en las primeras etapas de la vida.

“Nunca seré 100% holandés debido a mis padres biológicos y a mi apariencia”, dijo.

 Descubrir la identidad. 

Rodrigo Van Rutte viajando por primera vez a Colombia. En sus manos su pasaporte holandés y el colombiano. Foto/suministrada

No todas las personas adoptadas viven su proceso de reconocimiento e identidad de la misma forma. Cada uno tiene una historia diferente y es dueño de una verdad. Aunque hay algunas excepciones, es más común que la mayoría se incline por buscar su origen. “En algunos momentos de tu vida empiezas a recordar tu doble identidad. Por ejemplo, cuando comienzas a vivir por tu propia cuenta, cuando te casas, tienes tu primer hijo o al perder a uno de tus padres adoptivos.

Cuando te han cedido de  bebé o  niño y no has crecido con tu madre, se desarrolla un proceso de duelo que consciente o inconscientemente continúa doliendo.

Esto puede manifestarse en la ansiedad de la separación, la coerción de lealtad hacia los padres adoptivos, el miedo al fracaso y la necesidad de pruebas”, explicó Rodrigo.

La dificultad en la búsqueda

Uno de los pasos más difíciles que enfrentan las personas adoptadas es que a la hora de empezar a buscar a las familias biológicas no se cuenta con los documentos suficientes que den soporte a la investigación y posterior encuentro.

Han habido muchas irregularidades en los procesos que impiden en muchos casos una búsqueda exitosa. Por ejemplo, en el caso de Rodrigo, partió de Colombia  acompañado de otro niño a quien también se daría en adopción en los Países Bajos; pero durante la entrega, fueron cambiados por equivocación. Por lo cual, los papeles que de él existían no coincidían con su verdadera identidad, eran los del otro pequeño. Esto lo supo la primera vez que viajó a Colombia a conocer  a su madre biológica y con una prueba de ADN descubrieron que no era la persona que buscaban. En un segundo intento Rodrigo pudo conocer a su  familia colombiana.

Exposición en el centro de La Haya.

Apoyo social

La mayoría de historias que conocí en el museo fueron emotivas. Como otra persona que trajeron de Colombia a quien su familia adoptiva no le quiere brindar ninguna información de su procedencia.

Mientras conversaba con algunos de los participantes me preguntaba una y otra vez: ¿De qué manera aquellos que no hemos sido adoptados o desconocemos a fondo estas realidades, podríamos contribuir al fortalecimiento de esta comunidad? . La conclusión es simple pero tiene un gran impacto: darle más visibilidad a iniciativas como éstas, para que tenga continuidad y un eco en la gente y en los gobiernos, este debe ser un tema de inclusión en sus agendas. Se deben buscar estrategias más precisas que controlen todos los abusos y que aquellos que aún buscan esa verdad puedan tener una respuesta.

“Los padres adoptivos y sus seguidores podrían unirse y hacer preguntas sobre los documentos de adopción incompletos al gobierno. Debería haber un mejor cuidado posterior para los adoptados. Se deben compartir más datos, cifras e historias de los adoptados, los padres adoptivos y las madres a distancia, sobre el proceso de adopción, para informar a quienes estén interesados”, insistió Van Rutte.

Finalmente quiero decir que esta experiencia fue muy edificante para mí, el debate sobre si se debe o no adoptar sigue abierto. Lo más importante es saber que se debe realizar con todos los mecanismos de regulación y buscar siempre el beneficio de los menores.

Si deseas conocer más o hacer una donación a  “The Pop up Museum of Adoption” y la historia de Rodrigo  haz clic en el enlace:

https://www.facebook.com/rodrigovanrutte/

https://rodrigovanrutte.nl/historia/

Si te gustó este artículo compártelo.

Andrea Delgado.