A Hashimoto lo conocí en septiembre de 2015 y desde entonces, hemos viajado juntos en una larga travesía. La mayor parte del tiempo he tenido grandes desafíos a su lado. Al principio, me causaba un poco de incertidumbre saber qué era lo que iba a pasar con él. Cuando recién conoces a alguien sientes curiosidad, emoción y con el tiempo preocupación por no poderlo comprender, al fin de cuentas vivimos en un mundo de diferencias.

 
Al principio de nuestra relación me encontraba bastante ocupada y soñolienta, así que le dedicaba muy poco tiempo. Mi día avanzaba rápidamente entre el trabajo, la casa y la familia. A las cuatro de la tarde me tumbaba en la cama y quedaba prácticamente desconectada del mundo.
 
Todo era muy leve por ese entonces, eran nuestros primeros días juntos; o eso pensé, pues con el tiempo me di cuenta que llevaba dos años merodeando mi vida, stalkeando mis redes sociales y esperando el momento para hacer su entrada notoria.
 
Hashimoto es todo un personaje. Nos vimos por primera vez en la sala de urgencias de un hospital. Yo esperaba pacientemente mi turno con el médico y él, se había fracturado una mano. Era bastante callado, casi imperceptible, bastante raro para ser un músico, pues la imagen que tengo de ellos es quizá un poco más extrovertida, pero puede que me equivoque: Los músicos también se adentran en su rol y se pierden en sus melodías…
 
Estaba haciendo grandes esfuerzos por tomar una botella de agua de la máquina expendedora y alrededor a nadie parecía importarle. Me levanté de mi asiento y le ayudé a tomar la botella e incluso a darle de beber. Él estaba extasiado, como si de una casualidad se tratara, sus ojos brillaban y me recorrían, mientras yo estaba concentrada en sus fallidos intentos por valerse de sí mismo.
 
El doctor se asomó a la sala y dijo mi nombre en voz alta.. Me despedí rápidamente, repasando en mi mente lo que habría de preguntar, los síntomas por los que había llegado hasta allí. Ya saben, las citas médicas en cualquier lugar del mundo no dan tiempo de chistar, pues valiéndose del refrán de que el tiempo vale oro, médicos y pacientes se deben adherir y conformar (en ese orden) con 10 minutos de dolores y quejas.
 
Continuará….